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Innsmouth Frees Press' cultists keep on celebrating the release of Historical Lovecraft, an anthology combining 26 tales of horror through time; that's why Blogging Buddies contest is being held, to bring you terror, tentacles and cool prizes!

Historical Lovecraft features my tale "Ahizotl" translated into English by editor Silvia Moreno-Garcia. Here she talks (in English and Spanish) about the difficult job of translation and betrayal. Enjoy reading it and don't forget to participate in the contest.



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Translating the Mythos
By Silvia Moreno-Garcia



“I speak Spanish to God, Italian to women, French to men, and German to my horse.” 
- Charles V


This is a tale of betrayal, as they all are. Betrayal in ink and paper. I’m talking about translation. Is there a more difficult task than to tell a story in other words? For Historical Lovecraft, we read submissions in French and Spanish. Paula R. Stiles, my co-editor, translated a story from the French. I translated “Ahuizotl” from the Spanish. Though you may think translation is a straightforward affair, it really isn’t.

Nelly Geraldine Garcia-Rosas, author of “Ahuizotl” is a Mexican writer with a very specific voice. The Spanish language and Mexican literature have a rhythm, style and music of their own. I tend to characterize Spanish as Baroque, Churrigueresque even, while English is simpler and more straightforward. I love the English language. I wouldn’t write in it if I didn’t, but it is, at its core, very different from the Spanish. Imagine, then, what it means to read a story which is told in a colonial Spanish style and try to stay true to its original essence and mannerisms.

To translate “Ahuizotl” I first read it without looking for English-language equivalents. It was a cold read. I wanted to get the mood of it, if you will. During my second read, I began translating it. I left some words and phrases in Spanish because I wasn’t sure what word I wanted to use. Should I use “roar” or “bellow”? How would it change the story? What about the punctuation? The third pass resulted in the final text and it was sent to Paula for copy editing. During this whole process, I had to be careful. I could, unintentionally, kill the story, make it wilt with a wrong choice. The final tale, I think, approximates Nelly Geraldine’s voice in English as much as it can.


Silvia thinking about an Ahuizotl



Luckily, Nelly’s story was easier to translate than it might have been. Other stories contain more cultural baggage, which may be hard to explain to a reader. Nelly has a story in Candle in the Attic Window. I was reading it the other day and realized I had no idea how I could translate the pun of donceles and Calle of Donceles. I’ll get back to you when I do.

Insults are another language component that are difficult to translate. How do you convey the sheer weight of one of Mexico’s most well-known insults: chingada? Octavio Paz’s lengthy essay El laberinto de la soledad dedicates pages to this single insult.

Speech patterns and regionalism are also problematic. How do you show the reader how the naco and the fresa differentiate themselves? Sure, you could say the fresa is the equivalent of “preppy”, but that doesn’t quite capture the whole mental image and sound of such a character who speaks with a papa en la boca (a potato in the mouth).

Eventually, there is always a bit of betrayal in all translations. Then again, it’s a necessary betrayal. All we can hope for is that we’ve captured the kernel of truth residing in the language.



Bio: Silvia Moreno-Garcia is a writer and small-press publisher of speculative fiction. Born and raised in Mexico, she now resides in Canada. Historical Lovecraft is the first anthology she has co-edited with Paula R. Stiles. Candle in the Attic Window, an anthology of Gothic fiction, will be released in the fall. Visit innsmouthfreepress.com for information on her publishing ventures or silviamoreno-garcia.com for her personal blog.



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Traduciendo los Mitos
Por Silvia Moreno-Garcia



"Hablo en español con Dios, en italiano con las mujeres, 
en francés con los hombres y en alemán con mi caballo." 
- Carlos V 



Ésta es una historia de traición, como son todas ellas. Traición hecha en tinta y papel. Estoy hablando acerca de la traducción. ¿Existe una tarea más difícil que la de contar una historia con otras palabras? Para Historical Lovecraft leímos cuentos en francés y español. Paula R. Stiles, mi coeditora, tradujo un cuento del francés; yo traduje "Ahuizotl" del español. Aunque podría pensarse que la traducción es una tarea sencilla, realmente no lo es. 

Nelly Geraldine García-Rosas, autora de "Ahuizotl", es una autora mexicana con una voz muy específica. La lengua española y la literatura mexicana tienen un ritmo, estilo y música propios. Tiendo a caracterizar al español como barroco, incluso churrigueresco, mientras que el inglés es más sencillo y directo. Amo la lengua inglesa. No escribiría en inglés si no lo hiciera, pero este lenguaje es, en su meollo, muy diferente al español. Imaginen, entonces, lo que significa leer una historia contada en un español de estilo colonial y tratar de mantenerla ligada a su esencia y manierismos originales. 

Para traducir "Ahuizotl" primero leí el cuento sin buscar equivalentes en inglés; fue una lectura fría. Quería obtener el humor del cuento, si les parece. Durante mi segunda lectura empecé a traducir. Dejé algunas palabras y frases en español porque no estaba segura qué palabra quería utilizar. ¿Debería de utilizar "roar" o "bellow"?, ¿cómo cambiaría eso la historia?, ¿qué hay con la puntuación?

El tercer paso dio como resultado un texto finalizado, el cual fue enviado a Paula para editarlo. Durante este proceso, tuve que ser muy cuidadosa, pues podía, sin querer, matar el cuento con la decisión equivocada. El texto finalizado se aproxima, creo, a la voz de Nelly Geraldine en inglés lo más posible.


Wait a second!



Por suerte, el cuento de Nelly fue más fácil de traducir de lo que podría haber sido. Otros cuentos contienen más bagaje cultural, el cual puede ser difícil de explicar al lector. Nelly tiene un cuento en Candle in the Attic Window (Una vela en la ventana del ático). Lo estaba leyendo el otro día y me di cuenta de que no tengo idea de cómo voy a traducir el juego de palabras entre "donceles" y Calle de Donceles. Luego les digo qué sucede cuando lo haga. 

Los insultos son otro componente del lenguaje que es difícil de traducir. ¿Cómo transmites el peso de uno de los insultos Mexicanos más populares: chingada? El largo ensayo El laberinto de la soledad de Octavio Paz le dedica páginas enteras. 

Los patrones del habla y regionalismos también son problemáticos. ¿Cómo muestras al lector la manera en la que el naco y el fresa se diferencian? Claro, podrías decir que fresa es el equivalente de "preppy", pero esto no captura exactamente la imagen mental y el sonido de un personaje que habla “con la papa en la boca”. 

Eventualmente, siempre hay un poco de traición en todas las traducciones; pero es una traición necesaria. Todo lo que podemos esperar es que hemos capturado el núcleo de la verdad residiendo en el lenguaje. 



Bio: Silvia Moreno-Garcia es una autora y dueña de una pequeña casa editorial dedicada a la literatura fantástica. Originaria de México, ahora reside en Canadá. Historical Lovecraft es la primera antología que ha co-editado con Paula R. Stiles. La antología de corte gótico, Candle in the Attic Window, será lanzada a la venta este otoño. Visita innsmouthfreepress.com para más información acerca de su editorial o silviamoreno-garcia.com para leer su blog personal.

Día del libro


Yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Jorge Luis Borges, "Poema de los dones"

Otro lluvioso día del libro, y no sólo por el clima, la líridas anuales alcanzaron su máximo ayer por la noche aunque la hermosa Luna no ha permitido ver mucho del espetáculo. Su brillo, en cambio, se antoja para leer hasta altas horas de la noche e ir a dormir con literatura bien escondida bajo los párpados.

Feliz día del libro.

Biblioteca Palafoxiana
Foto - Alos

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Dice el Shoggoth mascota que organizará una lectura de sus obras favoritas y después habrá pastel... Se siente más culto desde que pasó tres días enteros sobre el busto de Clemente Palma gritando "nevermore".

"Ahuizotl" en Historical Lovecraft


Historical Lovecraft es ya una realidad editorial, salió en preventa a inicio de mes y su lanzamiento oficial será el próximo 20 de abril. La antología presenta 26 textos de horror lovecraftiano que nos llevan en un viaje a través del tiempo y los lugares más diversos. Entre ellos está mi cuento "Ahuizotl" cuya historia se ubica en el México colonial y que es ahora muestra del contenido del libro en el sitio de la editorial canadiense Innsmouth Free Press.

Las editoras de IFP han hecho un gran trabajo desde la elección de los textos, para muestra la traducción que Silvia Moreno-García hizo de mi texto.
(;,,;)

Pueden leer "Ahuizotl" haciendo click aquí.



Historical Lovecraft se encuentra tanto su versión electrónica como impresa en:



Paradojas


Advertencia. Este post presenta contenido matemático modificado por mi mente inconsciente durante la fase de sueño MOR, de ninguna manera pretende ser lógico, congruente o propositivo en el capo de las ciencias, así que no se azoten si algo no concuerda con lo que les dijo la "seño" Lucy de la primaria, el Dr. Schummaher que dirige su tesis doctoral o la wiki.


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Ayer fue el aniversario de la muerte de Poe, pero lo recordé hasta muy tarde (el año pasado fue distinto); en cambio, pasé el día pensando en Toribio y Francisco Tario, y fantaseando con que Alos luciría como él si se rapara. Indudablemente continué mi lectura de Tapioca Inn, mansión para fantasmas y me fui a dormir.

Soñé que para poder titularme debía tomar una clase de Matemáticas que resultó ser una combinación extraña pero agradable con la Filosofía antigua, *sigh* como antaño. El salón de clases era amplio y estaba lleno de gente que no mostraba el más mínimo interés: platicaban, metían las manos en una colorida pecera, oían música, agitábanse sobre sus mesas, me incomodaban con su presencia. Estaban, también, algunos de mis ex compañeros de prepa (sí, de los que me regañan por haber estudiado Literatura y no alguna ingeniería) y creo que un par de mis ex alumnos (ahí se convirtió en pesadilla).

Mi mesa, muy bien ubicada con respecto al pizarrón, tenía algunas hojas y muchos bolígrafos, muchos, como cuando Mr. Bean hace examen. Había dibujado en el pizarrón un sistema de coordenadas 'x, y', el eje x estaba "bisectado" y la profesora (que juro haber visto antes en algún sito aunque no logro recordar de quién se trata) hacía volar nubes de tiza mientras escribía las instrucciones del ejercicio:

Hallar una fórmula para conocer siempre la medida de esta porción de eje bisectado.


Aquí empieza la jaladura de cabellos:

Mientras mis ex compañeritos de prepa me presionaban para que "luciera mi capacidad cerebral" con la respuesta, comencé a pensar en las paradojas de Zenón: pude ver claramente cómo se alargaba el pizarrón y surgían en él las imágenes de bordes blancos de Aquiles y la tortuga, ambos se movían en intervalos perfectos, pero el de los pies ligeros parecía no poder alcanzar nunca al quelóneo que levantaba polvo blanco en su carrera.

Para alcanzar a la tortuga, Aquiles debía recorrer primero la mitad de ese tramo, pero para hacer eso era necesario cubrir antes la mitad de dicho trayecto, así hasta el infinito... el infinito... Yo debía "bisectar" al infinito, pero para hacerlo debería primero comprender la mitad de cada una de las partes...

La tortuga me guiñó el ojo y de una de las bolutas de gis salió la suma infinita de 1/2n donde n=1... Les juro que es el sueño más nerd que he tenido...

Mi eje x era infinito, paradójico porque la mitad de éste era igual al entero: infinito. Por lo tanto la medida de la porción 1/2n cuando n tiende al infinito sería igual a una paradoja que destruiría el universo conocido: terminaríamos dividiendo entre 0 y mi salón de clases implotaría... permanecí en silencio mientras pensaba en la Literatura.

La tortuga brincó aliviada al interior de la pecera.


Hoy se cumplen 64 años de la muerte de Clemente Palama, un escritor para quien no tengo que buscar metáforas sobre cómo referirme a su fallecimiento porque su obra dice mucho más de lo que yo puedo mencionar en un simple post y más de lo que trataré de decir cuando mi tesis esté terminada.

No me toca reivindicarlo aquí, ya llegará Gelatina para algo similar -si lo logra-, sólo me toca recordarlo y hacer que su obra diga lo que yo no puedo ni soy capaz.

Dejo, entonces, el cuento "Los ojos de Lina" aparecido por primera vez en El Comercio de Lima el 5 de mayo de 1901 (retomado en Cuentos Malévolos de 1904 y 1913). Reproduzco aquí la ortografía del texto publicado en el Tomo I de la Narrativa Completa (Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006).

Clemente Palma
Caricatura tomada del semanario Variedades (Lima, 10 de marzo de 2008)
Por cierto, Palma fundó esa revista :3



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Los ojos de Lina

El teniente Jym, de la Armada inglesa, era nuestro amigo. Cuando entró en la Compañía Inglesa de Vapores le veíamos cada mes y pasábamos una o dos noches con él en alegre francachela. Jym había pasado gran parte de su juventud en Noruega, y era un insigne bebedor de whisky y de ajenjo; bajo la acción de estos licores le daba por cantar con voz estentórea lindas baladas escandinavas, que después nos traducía. Una tarde fuimos a despedirnos de él a su camarote, pues al día siguiente zarpaba el vapor para San Francisco. Jym no podía cantar en su cama a voz en cuello, como tenía costumbre, por razones de disciplina naval, y resolvimos pasar la velada refiriéndonos historias y aventuras de nuestra vida, sazonando las relaciones con repetidos sorbos de licor. Serían las dos de la mañana cuando terminamos los visitantes de Jym nuestras relaciones; solo Jym faltaba y le exigimos que hiciera la suya. Jym se arrellanó en un sofá; puso en una mesita próxima una pequeña botella de ajenjo y un aparato para destilar agua; encendió un puro y comenzó a hablar del modo siguiente:

No voy a referiros una balada ni una leyenda del Norte, como en otras ocasiones; hoy se trata de una historia verídica, de un episodio de mi vida de novio. Ya sabéis que, hasta hace dos años, he vivido en Noruega; por mi madre soy noruego, pero mi padre me hizo súbdito inglés. En Noruega me casé. Mi esposa se llama Axelina o Lina, como yo la llamo, y cuando tengáis la ventolera de dar un paseo por Cristianía, id a mi casa, que mi esposa os hará con mucho gusto los honores.

Empezaré por deciros que Lina tenía los ojos más extrañamente endiablados del mundo. Ella tenía diez y seis años y yo estaba loco de amor por ella, pero profesaba a sus ojos el odio más rabioso que puede caber en corazón de hombre. Cuando Lina fijaba sus ojos en los míos me desesperaba, me sentía inquieto y con los nervios crispados; me parecía que alguien me vaciaba una caja de alfileres en el cerebro y que se esparcían a lo largo de mi espina dorsal; un frío doloroso galopaba por mis arterias, y la epidermis se me erizaba, como sucede a la generalidad de las personas al salir de un baño helado, y a muchas al tocar una fruta peluda, o al ver el filo de una navaja, o al rozar con las uñas el terciopelo, o al escuchar el frufrú de la seda o al mirar una gran profundidad. Esa misma sensación experimentaba al mirar los ojos de Lina. He consultado a varios médicos de mi confianza sobre este fenómeno y ninguno me ha dado la explicación; se limitaban a sonreír y a decirme que no me preocupara del asunto, que yo era un histérico, y no sé qué otras majaderías. Y lo peor es que yo adoraba a Lina con exasperación, con locura, a pesar del efecto desastroso que me producían sus ojos. Y no se limitaban estos efectos a la tensión álgida de mi sistema nervioso; había algo más maravilloso aún, y es que cuando Lina tenía alguna preocupación o pasaba por ciertos estados psíquicos y fisiológicos, veía yo pasar por sus pupilas, al mirarme, en la forma vaga de pequeñas sombras fugitivas coronadas por puntitos de luz, las ideas; sí, señores, las ideas. Esas entidades inmateriales e invisibles que tenemos todos o casi todos, pues hay muchos que no tienen ideas en la cabeza, pasaban por las pupilas de Lina con formas inexpresables. He dicho sombras porque es la palabra que más se acerca. Salían por detrás de la esclerótica, cruzaban la pupila y al llegar a la retina destellaban, y entonces sentía yo que en el fondo de mi cerebro respondía una dolorosa vibración de las células, surgiendo a su vez una idea dentro de mí.

Se me ocurría comparar los ojos de Lina al cristal de la claraboya de mi camarote, por el que veía pasar, al anochecer, a los peces azorados con la luz de mi lámpara, chocando sus estrafalarias cabezas contra el macizo cristal, que, por su espesor y convexidad, hacía borrosas y deformes sus siluetas. Cada vez que veía esa parranda de ideas en los ojos de Lina, me decía yo: ¡Vaya! ¡Ya están pasando los peces! –Solo que estos atravesaban de un modo misterioso la pupila de mi amada y formaban su madriguera en las cavernas obscuras de mi encéfalo.

Pero ¡bah!, soy un desordenado. Os hablo del fenómeno sin haberos descrito los ojos y las bellezas de mi Lina. Lina es morena y pálida: sus cabellos undosos se rizaban en la nuca con tan adorable gracia, que jamás belleza de mujer alguna me sedujo tanto como el dorso del cuello de Lina, al sumergirse en la sedosa negrura de sus cabellos. Los labios de Lina, casi siempre entreabiertos, por cierta tirantez infantil del labio superior, eran tan rojos que parecían acostumbrados a comer fresas, a beber sangre o a depositar la de los intensos rubores; probablemente esto último, pues, cuando las mejillas de Lina se encendían, palidecían aquéllos. Bajo esos labios había unos dientes diminutos tan blancos, que iluminaban la faz cuando un rayo de luz jugaba sobre ellos. Era para mí una delicia verla morder cerezas; de buena gana me hubiera dejado morder por esa deliciosa boquita, a no ser por los ojos endemoniados que habitaban más arriba. ¡Esos ojos! Lina, repito, es morena, de cabellos, cejas y pestañas negras. Si la hubierais visto dormida alguna vez, yo os hubiera preguntado: ¿De qué color creéis que tiene Lina los ojos? –A buen seguro que, guiados por el color de su cabellera, de sus cejas y pestañas me habríais respondido: negros. –¡Qué chasco! Pues, no, señor; los ojos de Lina tenían color, es claro, pero ni todos los oculistas del mundo, ni todos los pintores habrían acertado a determinarlo ni a reproducirlo. Eran de un corte perfecto, rasgados y grandes; debajo de ellos una línea azulada formaba la ojera y parecía como la tenue sombra de sus largas pestañas. Hasta aquí, como veis, nada hay de raro; éstos eran los ojos de Lina cerrados o entornados; pero una vez abiertos y lucientes las pupilas, allí de mis angustias. Nadie me quitará de la cabeza que Mefistófeles tenía su gabinete de trabajo detrás de esas pupilas. Eran ellas de un color que fluctuaba entre todos los de la gama, y sus más complicadas combinaciones. A veces me parecían dos grandes esmeraldas, alumbradas por detrás por luminosos carbunclos. Las fulguraciones verdosas y rojizas que despedían se irisaban poco a poco y pasaban por mil cambiantes, como las burbujas de jabón; luego venía un color indefinible, pero uniforme, a cubrirlos todos, y en medio palpitaba un puntito de luz, de lo más mortificante por los tonos felinos y diabólicos que tomaba. Los hervores de la sangre de Lina, sus tensiones nerviosas, sus irritaciones, sus placeres, los alambicamientos y juegos de su espíritu, se denunciaban por el color que adquiría ese punto de luz misteriosa.

Con la continuidad de tratar a Lina llegué a traducir algo los resplandores múltiples de sus ojos. Sus sentimentalismos de muchacha romántica eran verdes, sus alegrías, violadas, sus celos amarillos, y rojos sus ardores de mujer apasionada. El efecto de estos ojos en mí era desastroso. Tenían sobre mí un imperio horrible, y en verdad yo sentía mi dignidad de varón humillada con esa especie de esclavitud misteriosa, ejercida sobre mi alma por esos ojos que odiaba como a personas. En vano era que tratara de resistir; los ojos de Lina me subyugaban, y sentía que me arrancaban el alma para triturarla y carbonizarla entre dos chispazos de esas miradas de Luzbel. Por último, con el alma ardiente de amor y de ira, tenía yo que bajar la mirada, porque sentía que mi mecanismo nervioso llegaba a torsiones desgarradoras, y que mi cerebro saltaba dentro de mi cabeza, como un abejorro encerrado dentro de un horno. Lina no se daba cuenta del efecto desastroso que me hacían sus ojos.

Todo Cristianía se los elogiaba por hermosos y a nadie causaban la impresión terrible que a mí: sólo yo estaba constituido para ser la víctima de ellos. Yo tenía reacciones de orgullo; a veces pensaba que Lina abusaba del poder que tenía sobre mí, y que se complacía en humillarme; entonces mi dignidad de varón se sublevaba vengativa reclamando imaginarios fueros, y a mi vez me entretenía en tiranizar a mi novia, exigiéndola sacrificios y mortificándola hasta hacerla llorar. En el fondo había una intención que yo trataba de realizar disimuladamente; sí, en esa valiente sublevación contra la tiranía de esas pupilas estaba embozada mi cobardía: haciendo llorar a Lina la hacía cerrar los ojos, y cerrados los ojos me sentía libre de mi cadena. Pero la pobrecilla ignoraba el arma terrible que tenía contra mí; sencilla y candorosa, la buena muchacha tenía un corazón de oro y me adoraba y me obedecía. Lo más curioso es que yo, que odiaba sus hermosos ojos, la quería por ellos. Aun cuando siempre salía vencido, volvía siempre a luchar contra esas terribles pupilas, con la esperanza de vencer. ¡Cuántas veces las rojas fulguraciones del amor me hicieron el efecto de cien cañonazos disparados contra mis nervios! Por amor propio no quise revelar a Lina mi esclavitud.

Nuestros amores debían tener una solución como la tienen todos: o me casaba con Lina o rompía con ella. Esto último era imposible, luego tenía que casarme con Lina. Lo que me aterraba de la vida de casado, era la perduración de esos ojos que tenían que alumbrar terriblemente mi vejez. Cuando se acercaba la época en que debía pedir la mano de Lina a su padre, un rico armador, la obsesión de los ojos de ella me era insoportable. De noche los veía fulgurar como ascuas en la oscuridad de mi alcoba; veía al techo y allí estaban terribles y porfiados; miraba a la pared y estaban incrustados allí; cerraba los ojos y los veía adheridos sobre mis párpados con una tenacidad luminosa tal, que su fulgor iluminaba el tejido de arterias y venillas de la membrana. Al fin, rendido, dormía, y las miradas de Lina llenaban mi sueño de redes que se apretaban y me estrangulaban el alma. ¿Qué hacer? Formé mil planes; pero no sé si por orgullo, amor, o por una noción del deber muy grabada en mi espíritu, jamás pensé en renunciar a Lina.

El día en que la pedí, Lina estuvo contentísima. ¡Oh, cómo brillaban sus ojos y qué endiabladamente! La estreché en mis brazos delirante de amor, y al besar sus labios sangrientos y tibios tuve que cerrar los ojos casi desvanecido.

–¡Cierra los ojos, Lina mía, te lo ruego!

Lina, sorprendida, los abrió más, y al verme pálido y descompuesto me preguntó asustada, cogiéndome las manos:

–¿Qué tienes, Jym?... Habla. ¡Dios Santo!... ¿Estás enfermo? Habla.
–No... perdóname; nada tengo, nada... –la respondí sin mirarla.
–Mientes, algo te pasa...
–Fue un vahído, Lina... ya pasará...
–¿Y por qué querías que cerrara los ojos? ¿No quieres que te mire, bien mío?

No respondí y la miré medroso. ¡Oh!, allí estaban esos ojos terribles, con todos sus insoportables chisporroteos de sorpresa, de amor y de inquietud. Lina, al notar mi turbado silencio, se alarmó más. Se sentó sobre mis rodillas, cogió mi cabeza entre sus manos y me dijo con violencia:

–No, Jym, tú me engañas, algo extraño pasa en ti desde hace algún tiempo: tú has hecho algo malo, pues solo los que tienen un peso en la conciencia no se atreven a mirar de frente. Yo te conoceré en los ojos, mírame, mírame.

–No me beses, mírame, mírame.
–¡Oh, por Dios, Lina, déjame! ...
–¿Y por qué no me miras? –insistió casi llorando.

Yo sentía honda pena de mortificarla y a la vez mucha vergüenza de confesarle mi necedad: –No te miro, porque tus ojos me asesinan; porque les tengo un miedo cerval, que no me explico, ni puedo reprimir–. Callé, pues, y me fui a mi casa, después de que Lina dejó la habitación llorando.

Al día siguiente, cuando volví a verla, me hicieron pasar a su alcoba: Lina había amanecido enferma con angina. Mi novia estaba en cama y la habitación casi a obscuras. ¡Cuánto me alegré de esto último! Me senté junto al lecho y la hablé apasionadamente de mis proyectos para el futuro. En la noche había pensado que lo mejor para que fuéramos felices era confesarla mis ridículos sufrimientos. Quizá podríamos ponernos de acuerdo... Usando anteojos negros... quizá. Después que la referí mis dolores, Lina se quedó un momento en silencio...

–¡Bah, que tontería! –fue todo lo que contestó.

Durante veinte días no salió Lina de la cama y había orden del médico de que no me dejaran entrar. El día en que Lina se levantó me mandó llamar. Faltaban pocos días para nuestra boda, y ya había recibido infinidad de regalos de sus amigos y parientes. Me llamó Lina para mostrarme el vestido de azahares, que la habían traído durante su enfermedad, así como los obsequios. La habitación estaba envuelta en una obscura penumbra en la que apenas podía yo ver a Lina; se sentó en un sofá de espaldas a la entornada ventana, y comenzó a mostrarme brazaletes, sortijas, collares, vestidos, unas palomas de alabastro, dijes, zarcillos y no sé cuánta preciosidad. Allí estaba el regalo de su padre, el viejo armador: consistía en un pequeño yate de paseo, es decir, no estaba el yate, sino el documento de propiedad; mis regalos también estaban y también el que Lina me hacía, consistente en una cajita de cristal de roca, forrada con terciopelo rojo.

Lina me alcanzaba sonriente los regalos y yo, con galantería de enamorado, la besaba la mano. Por fin, trémula, me alcanzó la cajita.

–Mírala a la luz –me dijo–, son piedras preciosas, cuyo brillo conviene apreciar debidamente.

Y tiró de una hoja de la ventana. Abrí la caja y se me erizaron los cabellos de espanto; debí ponerme monstruosamente pálido. Levanté la cabeza horrorizado y vi a Lina que me miraba fijamente con unos ojos negros, vidriosos e inmóviles. Una sonrisa, entre amorosa e irónica, plegaba los labios de mi novia, hechos con zumos de fresas silvestres. Salté desesperado y cogí violentamente a Lina de la mano.

–¿Qué has hecho, desdichada?
–¡Es mi regalo de boda! –respondió tranquilamente.

Lina estaba ciega. Como huéspedes azorados estaban en las cuencas unos ojos de cristal, y los suyos, los de mi Lina, esos ojos extraños que me habían mortificado tanto, me miraban amenazadores y burlones desde el fondo de la caja roja, con la misma mirada endiablada de siempre...

***

Cuando terminó Jym, quedamos todos en silencio, profundamente emocionados. En verdad que la historia era terrible. Jym tomó un vaso de ajenjo y se lo bebió de un trago. Luego nos miró con aire melancólico. Mis amigos miraban, pensativos, el uno la claraboya del camarote y el otro la lámpara que se bamboleaba a los balances del buque. De pronto, Jym soltó una carcajada burlona, que cayó como un enorme cascabel en medio de nuestras meditaciones.

–¡Hombres de Dios! ¿Creéis que haya mujer alguna capaz del sacrificio que os he referido? Si los ojos de una mujer os hacen daño, ¿sabéis cómo lo remediará ella? Pues arrancándoos los vuestros para que no veáis los suyos. No; amigos míos, os he referido una historia inverosímil cuyo autor tengo el honor de presentaros.

Y nos mostró, levantándola en alto, su botellita de ajenjo, que parecía una solución concentrada de esmeraldas.

Día del libro, 20 años del Hubble

A dos de mis grandes amores, los libros y el espacio.




A dirge for him...


The skies were ashen and sober ;
The leaves they were crisped and sere —
The leaves they were withering and sere ;
It was night in the lonesome October
Of my most immemorial year
Ulalume (1847)


160 años después


Edgar Allan Poe (1809-1849), por fin, tendrá un funeral digno en su casa de Baltimore.


"Come! let the burial rite be read — the funeral song be sung!"
Lenore (1843)


Mors ex vita


Un 13 de septiembre como hoy: nublado, gris, incierto, falleció un hombre víctima de cáncer de páncreas entre las blancas sábanas de un hospital limeño. Aquel hombre murió sabedor de haber engendrado "bellezas recónditas y sutiles" que lo han hecho inmortal más allá de la carne y los in-clementes detractores. Ese hombre expiró con un libro de Poe sobre el buró de su cuarto de hospital, el último que leyó; dejó la vida de la mano del maestro, rodeado de sus brumosas mujeres y siniestros hombres.

Hace 63 años un hombre pidió a sus hijas leer a Edgar Allan Poe en el que sería su lecho de muerte, él apenas podía sostener el libro pues sus manos temblaban como ya poseídas por la muerte.

Algunos días después de que el hombre partiera con Lina, Alicia, Lodoiska, Cordelia, Leticia, Astarté y sus vampiras, alguien ojeó el libro de Poe en la casa de Miraflores y descubrió la fecha "13 de septiembre, 1946" escrita con la letra firme de cuando el hombre era joven. Clemencia cree que él pudo vaticinar la fecha de su muerte...



Ese hombre, quien conoció la vida y la muerte, para quien la muerte es vida, no es otro que Clemente Palma, el siniestro, el gótico, el decadente, el entusiasta de la ciencia ficción, el periodista que no dudaba en decir sus verdades a la gente, el gestor cultural, el padre, lector, escritor, amigo, fantasma...

Hagamos algún día una sesión espiritista para que, como en esa hermosa novela, aparezca rodeado de un aura verde y se ría de nosotros.

Descansa en paz, maestro.


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Cartelera

El universo recordará el 63 aniversario de la muerte Clemente Palma durante la próxima semana, así que cuando miren un sitio refulgente en el cielo no crean que se trata de pipí astronáutica, sino de la Vía Láctea y sus siniestra delectación por leer los Cuentos malévolos. Así que quienes vivan lejos de las ciudades y tengan un espacio de bóveda sin nubes después de la media noche (al rededor del 18 de septiembre) no duden en voltear al cielo y beber una copa de absintio a la salud de las bellezas recónditas y sutiles del peruano que incluso aparece en los sueños de Alos.

¡A esconderse que ahí viene la basura!


Hace dos noches Calisto, Europa, Io y Ganímedes desaparecieron de nuestra vista por un par de horas; el blog y yo, por más de dos semanas. Al igual que con los satélites galileanos, nadie que no tuviese un bonito telescopio pudo apreciar cómo desaparecía este puntito de luz eclipsado por un gigante gaseoso.



No ha ocurrido mucho desde que el blog se movió en su órbita de Saturno a Júpiter: continúo escasa de ideas, comiendo un rojísimo atún y preguntándome si la cruel "gelatina" y su hermana menor no me estarán causando daño cerebral. Soñé que soñaba. Cambio un riñón por un par de boletos para el concierto de Amorphis. Ayer por la tarde se fue la luz y me recosté escuchando el sonido de la lluvia; en el momento menos esperado Cavendra regresó, me dijo un nombre pero no supe más pues el sonido del regulador lo ahuyentó.

Construyeron un techo azul para que los que se encuentren debajo crean que es el cielo y no cuestionen la inmanencia de su meta-encierro; la otra noche me di cuenta de que la falsa bóveda sin nubes me tapó la vista del edificio sonriente terminando con las tardes de juegos de miradas y las noches de ojos brillantes y dientes resplandecientes. El cielo ficticio és, también, una máquina bien engrasada para producir eco, Alos dice que es como tener esquizofrenia. A mí me provoca cefaleas, pero ya los llamo por su nombre, seguro que así se siente la esquizofrenia...

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Además de la inevitable ñoñización de Marvel, el detector de rayos cósmicos que tal vez el año próximo actuará como un gigantesco imán haciendo girar la ISS, el grotesco, pero atrayente, encuentro con el go girl y la idea de ser entidades de zinc (zinc, zap, zot!!!) y no del ya trillado carbono, no tengo más noticias que darles. El homicidio de un perro flaco al que un par de texanos quieren hacer pasar por el chupacabras no es más que el asesinato de la Fantasía como en un triste y lacrimoso cuento...

Galopa, huye, galopa, irreductible fantasía. Nunca más tendrás reposo. El mundo civilizado te acosa por doquier ansioso por exterminarte.
(Dino Buzzati, "El Coco")


Mi perro es más listo que tu hijo


Saturno ya pasó por su equinoccio; yo, sigo en una etapa de escritura breve, poco sustanciosa y con más imágenes por centímetro cuadrado que antes... a este paso me volveré rica como las revistas de chismes de la alta sociedad!!!

Pero ¿qué ha pasado esta semana? (en forma de pies de foto)

  • A causa de la plúmbea intervención del clima me perdí la lluvia de perseidas.

  • Descubrí que los trífidos son algo más real de lo que desearía. La cavidad de fluido (la bolsita de hoja que sirve de trampa, pues) de la Nepenthes attenboroughii la convierte en una gigante en el mundo de las carnívoras. La plantita generalmente se alimenta de insectos, pero es capaz de atrapar ratas... sí, en Earth News de la BBC dijeron ratas, no ratones, cosa que me llena de temor, imagínense lo que harían si nosotros estuviéramos ciegos y ellas tuvieran tres patitas...

Indudablemente no pude dejar de pensar en uno de mis naturalistas favoritos y en una de mis canciones preferidas.

  • Tuve un buen momento de diversión pensando en los ilusos que creen que, si existe vida "inteligente" en planetas similares al nuestro, los extraterrestres entenderán el inglés y sabrán distinguir la armonía del mensaje de paz y amistad sin interpretarlo como ruido espacial. En ningún momento niego la posibilidad de existencia de vida allende las estrellas, sería tonto y egoísta pensar que somos los únicos entre tanta inmensidad (se ha encontrado glicina en cometas, hagan sus apuestas), pero se me hace más egoísta pensar que ellos comprenderán una miríada de mensajes de texto sin sentido y que nos responderán sólo por nuestra linda cara... Aún así, si quieren enviar un mensaje al espacio visiten Hello from Earth y prueben suerte ("These are not the droids you're looking for" ya fue tomado, prueben con "Klaatu barada nikto").

  • Mientras cepillaba a los niños me quedé pensando que quizá si enterramos todo su pelo salga un árbol que dé gatitos en primavera, los cosecharemos a comienzos del otoño para que nos calienten cuando haga más frío.
Tal vez sea la única forma de que Mikitos Lady tenga bebés ^^

  • Alos y yo notamos que nos falta casarnos con una paloma, escribir un tratado filosófico sobre la mortandad de los gatos en nuestra ciudad y/o hacerle ojitos a nuestra prima para casi casi ser genios, aquello de los descubrimientos llegará después, cuando hayamos reparado el hipocampo de Alos, reducido mi amígdala y comprendido a nuestros tálamos.

  • Recordé a mis visitantes peruanos y me dieron ganas de postear, de nuevo, la foto de José Santos Chocano, nunca se tiene demasiado de él.


  • Estuve a punto de ganarme un viaje o su equivalente monetario... la promoción terminaba el mismo día en que descubrí mi premio, pero ya se había pasado el horario de atención al público. Mi suerte es lenta, por eso nunca gano nada.

  • Tenía muchas ganas de postear esta imagen con dedicatoria, pero como dicen en las tarjetas de felicitación: "una imagen vale más que mil palabras".
Alos, es mejor que patear lo impateable, no?


  • Acerca del título del post: es lo que yo diría si tuviera perro y si tú tuvieses un hijo menor de dos años, ni modo, Fido llegó antes y también sabe contar...

On triffids and cat music


Soñé con los trífidos. No eran exactamente los de El día de los trífidos de John Wydham aunque conservaban esa apariencia que les dio el autor, la que de manera magistral consiguieron en la miniserie de la BBC en 1981 (la cual, por cierto, tendrá remake a finales de este año). Eran unos trífidos enormes, "¡plantas bien alimentadas!, con la sobre población no me sorprende", pensé cuando los miré a través del enorme ventanal de mi futurista departamento en un sitio que bien podría ser Manhatan. Parecían torres caminando pesadamente en el agua, sus corolas de tonos rojizos contrastaban de manera sublime con el cielo gris; uno de ellos parecía haber atravesado el suelo y parte de la pared debido a un, quizá, veloz crecimiento. Alos llegó mientras yo admiraba al trífido ahora obra de arte empotrado en la pared y me dijo que quizá eran parte de la filmación de una película pues los de Wydham eran más cortos de estatura... ¡Un momento! Alos, departamento, futuro, agua, rápida mirada a la ventana, puente... seguramente no era Manhatan, sino San Francisco... la presencia de los trífidos me apuntaba más a Londres, pero al fin y al cabo se habían dispersado por todo el mundo y era mi sueño, ¿no? San Francisco será.

De repente me encontraba en la calle donde muchas personas (ciegas y con vista) ya se habían entregado al característico frenesí que sigue a la invasión de seres no naturales que se alimentan de la raza humana: había destrucción, autos incendiados, niños llorando y un Einstein chibi abrazando sus rodillas en medio de la calle repitiendo sin cesar "alles in Ordnung ist" (o eso le entendí...). Caminando por la caótica ciudad me encontré con un expendio de hamburguesas, uno de los pocos negocios abiertos que aún ofrecía servicio, su logo era un par de rostros (como las máscaras del teatro) de un humano normal y un zombie, la verdad no recuerdo el nombre, así que lo llamaré Zomburger para efectos narrativos. Mientras miraba el menú para ordenar comencé a platicar con un par de hombres trajeados que me acompañaban en la fila: "en México ya comíamos cerebros antes de que los zombies se pusieran de moda", "¡nah!", "¡en serio, se llaman sesos!".

No recuerdo más.



Desperté con ganas de leer a Carballido.

Quería releer El norte, tan sensorial, tan perfecta en su sucesión de analepsis y prolepsis, la maravillosa novela que alguna vez permaneció en las bodegas de la Universidad Veracruzana (porque "publica pero no distribuye"[1]) o fue descontinuada por una editorial (al igual que muchos otros títulos) para publicar las obras completas del Pato Donald. Por aquello de la suerte, entonces, comencé leyendo La veleta oxidada.

Adoro que los libros me sorprendan tanto, que me hablen no sólo de su historia, también de la mía de cómo es todo a mi alrededor: "una calma tal que tiraría un papel desde un quinto piso y caería como un plomo" (Carballido, 1954). Sensorial y musical, cruda y jocosa: no he dejado de escuchar a Shöenberg desde que sentí sus atonales en el texto y solté la carcajada más grata de estos días.

-¡Los gatos a esta hora!
-Y después vienen los bomberos -le dijo Martha entrando, con una sonrisita malvada, vengativa. Los bomberos, peor aún que los gatos, era el sobrenombre para Varèse.
Adán observaba a su mujer paladear con más delicia que el café las crispaciones de Adela a cada agudo de la flauta, o cuando el recitado de la soprano arrastraba muy bajo las sílabas.
-Me encanta Shöenberg. Ahora voy a comprar sus cuartetos.
-¿No podrías ponerlo más suave? -Adela sentía la bilis regársele por el cuerpo. El "Pierrot Lunar" era la ofensa más violenta que Martha podía inferirle-. Es una verdadera gata en brama. Son aullidos. Es que no soporto más. Es una gata en brama.

(Carballido, 1954)


"Es la música de los gatos. Doña Martha dice que se llama el Pierrot."
(Carballido, 1954)



[1] Según palabras de Emilio Carballido en el prólogo de la edición de la serie Lecturas mexicanas publicada por CONACULTA.

¿Sueña Kitsune con ovejas eléctricas?


*Advertencia: sin querer este post quedó largo y aburrido...*


Esto de soñar con escritores y poner títulos malos a los posts (aunque yo insita en pensar que son inteligentes juegos de palabras... pobrecilla) se está saliendo de control, y no es que lo haya controlado alguna vez, pero el hecho de que comience a hacerse natural la cada vez más familiar frase matutina "hoy soñé con..." me provoca la sensación de que no es algo que yo pueda detener o continuar experimentando a mi antojo, así que sólo me queda contarlo mientras pueda... lo de mi pretendida brillantez, bueno, mejor no hablar de ello...

Hace más o menos tres semanas me preguntaba quién sería el siguiente del canon, ha dos noches obtuve la respuesta: Philip K. Dick.

Si bien al principio del sueño no tenía la menor idea de quién era el nervioso tipo barbado que me pedía hablara con un funcionario del gobierno acepté la misión encaminándome por los laberínticos pasillos de un edificio que más que de oficinas gubernamentales me parecía un hospital. Al parecer yo conocía muy bien el lugar porque daba giros o seguía de largo con bastante seguridad, de repente llegué al umbral de una oficina cuya puerta estaba abierta, entré y miré a un tipo gordo vestido con un traje negro de mal gusto, él extendió la mano invitándome a sentarme, "¿a qué debo la visita, señora Dick?". Como un golpe en la cabeza me di cuenta que el hombre de barba no sólo era Philip Dick, también mi esposo, ambos teníamos un hijo y yo estaba en esa oficina para pedir que no fueran crueles con el muchacho.




Resulta que en el sitio donde vivíamos, un mundo de estilo steam punk, estaba por llevarse a cabo el rito de iniciación para los hombres que se hacían adultos: emprender un viaje del que sólo pocos regresaban. Dick era considerado un paria social porque no había querido participar en tal evento, pero había partido aún siendo considerado un niño; un día reapareció como si nada ganándose el desprecio de las autoridades de aquel lugar. Para ser el hijo de un aventurero, el nuestro no había salido muy brillante, era un poco ñoño y su padre temía que no regresara de las aventuras en el "exterior", por eso yo me encontraba abogando por él.

Mientras intentaba cambiar la suerte del chico comenzó la aventura. Pude ver que el equipo de ñoños sin experiencia del que Dick-hijo formaba parte comenzarían desde un risco y no sabían cómo bajar. Philip llegó escalando hasta ellos y los ayudó a "secuestrar" una máquina voladora de la policía que pasaba por ahí, la caída fue aparatosa, pero los muchachos pudieron seguir hasta las puertas de nuestro mundo que se abrieron pesadamente, afuera había una serie de puertas que debían contener mundos similares al nuestro, y más allá estaba el horizonte. "Ve con ellos, te necesitarán", me dijo el escritor y corrí a alcanzarlos. Ellos se habían adelantado, robado un telescopio y arrojado rodando como niños en una colina, todo mientras yo me maravillaba de nuestro meta-mundo y despedido de mi barbado "esposo" con un asentimiento de cabeza.

En la colina encontré llaves, candandos y una delgada cadenilla muy larga. Abrí cada candado y un hombrecillo apareció ante mí, me dijo que las cadenas podían ser usadas como cuerdas y que, con el uso indicado podrían convertirse en excelente protección para la batalla; su mirada se posó un edificio que parecía templo hindú: hacia allá se dirigían los jóvenes. Las recogí todas y me dirigí hacia el "templo", al fin y al cabo necesitaba al menos una cota de malla para lo que vendría...


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"Fluyan mis sueños, dijo el policía."

El joven Lovecraft


Desde que el blog y yo nos mudamos a R'lyeh para disfrutar la convalecenica de la tremenda clorosis (que nos ha sentado tan bien por estos lares) nos hemos dedicado al oci... digo, a conocer mejor el lugar, escondernos de nuestros maravillosos vecinos y buscar adentrarnos en las prácticas culturales y la literatura local. En uno de esos ires y venires por la costa del Pacífico nos topamos con El joven Lovecraft...

... eeeer, ése no. Éste:
Portada del primer tomo de EJL

Se trata del cómic creado por José Oliver (guionista) y Bartolo Torres (dibujante). El joven Lovecraft cuenta los sucesos de la infancia del escritor nacido en Providence con un toque jocoso que les sacará más de una carcajada y los llevará a conocer datos biográficos reales del escritor mezclados con ficticios que embonan de manera maravillosa, ambos insertos en una trama entretenida que mantiene al lector a la espera de conocer cómo Howard, Siouxie, Glenn, el ojo de Rammenoth y los demás personajes se desenvuelven en la historia.

El guión es divertido e inteligente, plagado de motivos intertextuales no sólo literarios, también musicales y culturales, por lo que el leer con el ritmo de una canción de los Misfits en la mente no sería raro, como tampoco lo sería el hecho de reconocer la imagen que tenemos de Poe, Baudelarie y Rimbaud en una de las partes de la historia.

Las viñetas, por su parte, están dibujadas con gran talento, de modo que los gestos, posturas y actitudes corporales de los personajes nos dicen mucho de la historia y del perfecto instante capturado por la tinta. Gran parte de la genialidad del cómic se basa en la perfecta conjunción de la palabra con la imagen.


Portada del segundo tomo de EJL

Originalmente publicado en Internet como viñetas por entregas, El joven Lovecraft ha consegudio tal reconocimiento del público que fue trasladado al papel en abril de 2007 con la editorial Diábolo. Su primer tomo ya ha visto 3 ediciones agotadas y parece que el segundo, aún caliente de la imprenta, correrá la misma buena suerte en ventas.

Si les gusta Lenore, entonces EJL es un título que deben tener, muy recomendable para todos los amantes de la obra de Lovecraft y del buen cómic en español. Si alguien sabe cómo conseguirlo en México dígame, por favor!!! O quizá alguno de mis lectores españoles que asista al Saló del Cómic en Barcelona podría enviármelo *wink, wink*.

Mientras corren a comprarlo pueden visitar el blog de EJL y leer las divertidísimas viñetas. Disfrútenlo! Y no se pierdan la reescritura de los clásicos, son maravillosas!


* Para futuras referencias el link del blog de El joven Lovecraft permanecerá en el side bar de este sitio *
;)

Con Paz descanso


Hace algunos días tuve otro de esos sueños donde no tengo zapatos. Vacacionaba con un grupo de al menos siete personas y, como en los viajes con mis ex compañeros de la Facultad, había algunos que se querían quedar a beber en el hotel (como si no pudieran hacerlo en un lugar fuera...), así que un par de chicas y yo decidimos dejarlos en sus livaciones y salir a conocer el lugar, pues para eso habíamos ido. Yo, tan olvidadiza como siempre en el mundo onírico, salí sin zapatos y comenzaba a sentir los embates del piso: charcos, piedras, chicles y demás. Gracias a Morfeo en el camino encontramos a un hermoso gatito manchado que no sólo hablaba, también me ofreció unas bonitas pantuflas que estaban a una cuadra de caminata. Mientras me acercaba iban transformándose en animalitos cute, luego en animalitos mutantes cute, para terminar siendo monstruos encerrados en una enorme jaula a quienes engañé para que me dejaran salir sin sufrir daños.

Después llegó una mujer, psicóloga o algo así, a quien ayudaríamos a investigar algo (ahí todo se hizo confuso), de modo que regresamos al hotel. Nuestra habitación era una sala octagonal con puertas en cada lado, una de ellas parecía no haber estado antes, así que entré mientras los demás planeaban qué hacer, dentro había un pequeño pasillo que conducía a una sala similar y me imaginé que se trataba del umbral a un laberinto especular; sin embargo un pequeño librero distrajo mis pensamientos, ahí había un ejemplar de La leyenda de Sigurd y Gudrun de Tolkien pero en pastas blancas y con tipografía como la del logo de Astérix... ¡por Tutatis, tenía que ser mío! Bah, resulta que ni en mis sueños me siento bien robando y lo dejé. Después intentaba salir y algo me jalaba hacia adentro, cuando vi que los esfuerzos para sacarme eran vanos decidí que lo mejor sería salir caminando normalmente (hehe, tenía conciente que se trataba de una fuerza de mi mente, pero fue divertido dejarme llevar). Una vez fuera cerré la puerta y me percaté que era la única sin la placa de un nombre en el dintel. Por fin teníamos la solución, sabíamos que si la psicóloga se hacía pasar por profesora nadie le iba a creer (sigo sin saber qué me perdí :P), así que necesitábamos a alguien más conocido.

Coloqué la placa que decía "Octavio Paz" y casi al instante salió caminando tranquilamente. Era un paz joven, como el de la portada de Las palabras y los días (antología que salió el año pasado), con un par de libros bajo el brazo y una apenas notoria sonrisa. Alos sería su alumno poeta y podría descubrir el enigma de la psicóloga (insisto en no saber qué era). De repente todo se hizo blanco y negro, entró un hombre quien, con voz característica de las películas mexicanas de "la época de oro", dio la bienvenida al escritor y a su ilustre alumno para dar una cátedra en la universidad. Ambos, de cabello y camisa negros, salieron por una de las puertas.



Lo primero que hice cuando desperté fue decirle a Alos: "ahora soñé con Octavio Paz y tú eras su alumno". Él se rio y lamentó no haber recordado su propio sueño... yo creo que pensó que últimamente he dormido de más.

No me quitaré el pijama y esperaré cada noche con su respectiva mañana, cada siesta de la tarde y cada ensueño a medio día. Con Paz descanso...

¿Quién será el siguiente del canon?





Post scríptum. Durante la madrugada de hoy soñé con un campamento, una fogata y un niño de nombre Jack que irrumpía en la tienda con hacha en mano: "here's Johnny"; tuvimos que pegarla con cinta y aún así el aire se colaba, mi mamá estaba incómoda en el sleeping y comenzó a llegar más gente, de modo que terminamos regresando a la casa de la familia Nicholson (ahí me di cuenta de que acampábamos en un jardín). Nos sentamos al rededor de un comedor grande, la señora Nicholson nos servía sopa, y yo no hacía otra cosa que molestar al pequeño Jack diciéndole que se iba a convertir en un tipo como el de El resplandor, él se notaba molesto aunque parecía no saber a qué me refería. Claro, a esa edad aún no filmaba la película.

Día del libro

Gracias porque me han permitido conocer grandes amigos y mundos maravillosos.




We read books to find out who we are, What other people, real or imaginary, do and think and feel [...] is an essential guide to our understanding of what we ourselves are and may become. [...] a person who had never listened to nor read a tale or myth or parable story, would remain ignorant of his own emotional and spiritual heights and depths, would not know quite fully what it is to be human.
Ursula K. Le Guin



Una señal...


Update (octubre, 2010). Si llegaste aquí buscando información, textos e imágenes de Clemente Palma te recomiendo revises la etiqueta (label) "Palma" de este blog o da click aquí. No olvides dejar tus comentarios.


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En el foro de Chris tenemos un thread que se llama "Symptoms of obsession & insanity", el cual está repleto de experiencias personales acerca de lo que hacemos cuando algo llena del todo nuestras mentes. De ese modo confesamos haber olvidado cumpleaños de nuestros seres queridos, pero recordar los lanzamientos más recientes de nuestras bandas predilectas; no contestar el teléfono para no interrumpir una conversación de msn o sólo para no hablar con alguien "en persona"; valorar las cosas en CD's en lugar de en dinero; haber platicado con alguien acerca de el videojuego que estamos jugando y que ellos piensen que se trata de nuestra propia vida... sin embargo, uno de los síntomas más preocupantes se escuentra en el mundo de los sueños: soñar que posteas en los foros, platicas en msn o juegas video juegos es una señal de que quizá ya has tenido demasiado.

Ayer por la noche soñé con José Santos Chocano y su loca loca vida de literatura, viajes y negocios; para colmo yo no llevaba zapatos y se lo hice saber, "¿podemos regresar por mis zapatos?, es que siempre sueño que camino sólo con calcetines y hay charcos y cosas filosas... ¡mira, Valdelomar está lavando la calle y ya me mojó los pies!", él me miró con un poco de hastío y comenzó a hablar del canal de Nicaragua y de Elmore, el ladrón de bastones... aproveché su monólogo para correr hacia el edificio donde se llevaba a cabo la Feria del Libro (ahí dentro estaban mis zapatos) mientras Abraham Valdelomar barría felizmente el agua en la banqueta...

Sé que esta ocasión no se trata de una tétrica jaladura de pies como el incidente entre Alos, sus gatos y Clemente Palma (suceso de lo más interesante que quizá algún día les cuente). Parece que ya he tenido muchas lecturas acerca del modernismo.

¿Acaso Santos Chocano habrá intentado decirme que deje los zapatos y me ponga a escribir?